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Cuando recuperé el conocimiento aún era de noche. Estaba sentado en el suelo, la espalda apoyada sobre uno de los muros de la mansión Seridonius. Galerius, el noble cuya espada tratábamos de conseguir para “El Capitán”, se había alejado varios metros, seguido de una comitiva de soldados y algunos familiares. También estaban con él Hakon, siempre cerca de la espada, y Felsim. Zaira y Hakim estaban heridos no muy lejos de mí, mostraban signos de haber combatido. Vestein estaba sentado a unos pocos metros, observé que se dolía de los tobillos. ¿Dónde estaba Arya?
La cabeza aun me daba vueltas cuando me levanté y una extraña sensación de pesadumbre se removía en mí. Me acerqué a Vestein y le pregunté que había ocurrido, explicándole mi pérdida de conocimiento.
-Estábamos actuando.- Comenzó el enorme norteño.- Yo había levantado una enorme losa de piedra con dos niños encima, pero debieron moverse ahí arriba y perdí el equilibrio. Traté de evitar que se hicieran daño, pero me torcí el tobillo, malditos críos. No te preocupes, no es nada.
“Arya – Continuó.- se fue, siguiendo hacia alguna habitación de la mansión al consejero del gobernador y al secretario de Galerio. Pero algo extraño ocurrió. El consejero salió de la casa gritando “Los extranjeros han matado a la familia”, Arya hizo eso… eso que hacéis…
-¿Se transformó?- Vestein asintió con la cabeza. Yo pensé unos instantes en las fechas que corrían y los estados lunares que propiciaban estas transformaciones. No coincidía, pero es cierto que Arya había estado extraña últimamente, nos había hablado de sueños. Era muy posible que algo estuviera despertando en su interior, algo relacionado con esa naturaleza salvaje y descontrolada que llevaba dentro, igual que yo y Hakim.- ¿Qué pasó entonces?
-El secretario, que se había quedado con AryaLoba, también sufrió una extraña transformación. Según gritaba Hakim se le cayó la piel a trozos y de lo que debía ser su cuerpo salió una criatura espantosa, algo gelatinoso, con tentáculos que atacaba a todo lo que se ponía por el medio. AryaLoba, ayudada por algunos guardias, Hakim y Zaira combatieron contra esa cosa.
Respiré hondo, supuse que ese era el momento en el que la cordura de algunos de los presentes se había perdido. Pero ¿Qué era aquello que habían combatido? No era capaz de sentir la esencia mágica de las criaturas, ni tampoco una llamada salvaje relacionada con la luna. Era algo distinto, algo que se alejaba de los planos elementales y de las leyendas de los cambiaformas. ¿Se trataba de una nueva facción enemiga? ¿Alguien que también buscaba la espada? Por su descripción podía tratarse de una criatura marina, tal vez relacionada con los enemigos de “El Capitán”, en algunos diarios de marinos se habla de pulpos enormes con tentáculos que asaltan a los barcos en alta mar, aunque no son consideradas más que cuentos para críos. Pero, aún creyendo que fuera algo similar a eso era absurdo que se encontrara tan lejos de su hábitat. Era como soltar a un lobo en medio del mar… Las ideas me sobrepasaban y decidí pensar en cosas más prácticas.
-Continúa. –Pedí a Vestein.
-Si no hubiera estado herido podría haberla matado con mis propias manos.-No me cabía duda de que, como mínimo, le hubiera causado ciertos problemas. – La criatura hizo huir a los soldados, AryaLoba le plantaba cara junto a Zaira y Hakim, lucharon como valientes en una batalla que tenía poco de gloriosa próximo. A punto estuvo de estrangular a Zaira con un tentáculo, pero la cimitarra del sureño corto la extremidad a tiempo. La criatura salió del patio, persiguiendo a Galerio. Al final, entre zarpazos, mordiscos y espadazos de nuestros amigos, aquel bicho pereció. Aunque creí escuchar que gritaba algo, antes de caer: “La espada”.
Mucho me temía que aquel grito fuera más fruto de algún tipo de telepatía, recordándome la historia me venían imágenes y sonidos del momento, aquello no hablaba, más bien transmitía ideas a través de la mente… Sin duda podía resultar tremendamente peligroso.
Dejé a Vestein donde estaba y me acerqué al tumulto, la gente había hecho un círculo alrededor de algo, algo a lo que temían. En otro lado Felsim examinaba en el suelo una masa gelatinosa que no me costó identificar como los restos de la criatura. Me acerqué al grupo y observé lo mismo que ellos, lo mismo que les estaba asustando.
Se trataba de “AryaLoba”, como decía Vestein, estaba relajada y nos observaba a todos, tal vez como a sus viejos amigos, tal vez como un pedazo de carne más que devorar.
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