Introducción Partida
June 25th, 2009|
Saraqusta. Año del Señor 1118. Septiembre.
Así se llamaba la actual Zaragoza en los tiempos de Al-Andalus. Conocida por muchos como “La Ciudad Blanca” por sus enlucidos de cal, Saraqusta es una de las ciudades más importantes y pobladas del reino árabe. Superando a Valencia o a Mallorca. Está gobernada por un mozárabe de ideas moderadas llamado Al-Muqtadir. Su mandato, aunque firme, guarda el respeto que ya tenía su padre para con los habitantes. Los judíos y los cristianos, aunque es cierto que pagan impuestos que los islamistas no tienen que asumir, son respetados. Las costumbres, religiones, instituciones y cultos distintos al suyo no son prohibidos ni eliminados por el gobierno islamista. Aunque las calles son otra cosa, grupos más radicales de unas y otras religiones causan algunos disturbios, rompiendo la paz que el Rey Hudí (título de Al-Muqtadir) trata de imponer. A las afueras de la ciudad, controlando las puertas, Alfonso I el Batallador, ayudado por la nobleza aragonesa, ordenes militares de distintos puntos del país, cruzados franceses y mercenarios de todas partes sitian la ciudad. Llevan desde Marzo allí y, aunque no es el primer sitio que sufre la ciudad, se está convirtiendo en el más molesto y prolongado. En la calle los mercaderes árabes regatean con los aragoneses en castellano. Pero bajo sus techos, unos hablan su propia variante aragonesa y los otros árabe. Los niños de familias con más poder económico, habitualmente árabes, acuden a maestros privados que les enseñan las ciencias y las lenguas. En algunos cuarteles se forman soldados para defender la ciudad. Las mujeres forman parte de la industria trabajando en los talleres textiles de sus maridos. Algunas jovencitas elegidas pueden aprender las técnicas de la danza, lo que les podrá valer en el futuro para conseguir los favores de algún adinerado. O para trabajar en los distintos baños turcos de la ciudad. Durante el día la ciudad esta viva: A pesar del sitio las mercancías siguen entrando pagando impuestos desmesurados a los cristianos asentados fuera y, aunque mucho más pobre que en otros tiempos, las calles se llenan de tenderetes, edificios, algún movimiento de tropas, ladronzuelos en las plazas, cosas peores en los callejones más oscuros. En algunas tabernas se cuece la revolución, los mensajeros van de un sitio a otro con misivas de dudosa legalidad. En los baños personajes populares y adinerados conspiran a cerca de la economía. La noche es distinta, solo las almas mas descarriadas caminan por las calles. En esto no importan los dioses, nadie duda de que existan criaturas terribles que vagan en la noche cometiendo terribles actos. Las desapariciones y extrañas enfermedades que aparecen esporádicamente así lo confirman. Solo algunos cristianos borrachos, vagabundos sin alternativa o grupos de soldados se atreven a caminar en la oscuridad. La última noticia importante es que algunos mercenarios asaltaron unos baños, incendiando algunas salas, asesinando y golpeando a muchos de los allí presentes, al parecer Islamistas en su mayoría. Parece ser que se trataba de un grupo extremista de árabes que hacía peligrar la paz en la ciudad. Desde aquí empieza la partida. |

